viernes, 6 de abril de 2012

Escena 6. Tozudez.

Darius sintió que todo eso no era correcto. Nunca había tenido que tratar a ninguna hembra por la fuerza. Pero eso no era lo que realmente sentía que no que no iba bien.
Había mas cosas.
Ninguna elegida se escapaba del santuario. Ninguna elegida se comportaba como esa. Ninguna elegida olía como esta y se le metía su aroma en el cuerpo de esa manera.

Cuando Payne había pegado su espalda a su pecho, intensificando el agarre, sintió como su esencia, a canela picante entraba en sus fosas nasales y se clavaba en su cerebro. Todo su cuerpo se estremeció y respondió al estimulo olfativo. Y al inusitado impulso de acariciar ese pelo negro que ahora estaba a escasos centímetros de su cara.La soltó de repente intentando alejar de su mente y su cuerpo todo aquello. Era una elegida, se dijo a si mismo, su cuerpo estaba predestinado a reaccionar así ante una.
Pero jamas le había pasado antes . Y esta era una elegida extraña.
Tenia su muñeca atada a la suya, así que no pudo irse muy lejos. Pero al menos esos centímetros que ganó le permitieron a su cerebro el recuperar el control de su mente, machacando los instintos primarios que estaban despertando como vampiro.
No era un macho joven, ni era célibe ni nada parecido.Y siempre era él el que elegía las hembras con las que estaba. Obligó a su mente a volver a la situación y a las palabras de la hembra que tenia en frente. La miró a los ojos directamente, pero esos ojos diamantinos se le clavaban en lo mas profundo.

- ¿ Porque querría una elegida escaparse del santuario?- la pregunta fue formulada de forma ecuánime, sin tensión, con gran curiosidad.


- ¿Me llamáis mentirosa , guerrero?-

- No os llamo nada. Os estoy preguntando.- Contestó él de forma tajante. La hembra lo estaba provocando con cada palabra que pronunciaba. Era insolente, decidida y altiva. Ella se quedó unos segundos como si estuviera viendo el mundo a través de él. Tardó poco en responder, demasiado para una pregunta tan sencilla. Le estaba exasperando.

- No hagáis preguntas que pueden tener respuestas que no os gusten, guerrero Darius. -

- ¿Creéis que esa respuesta es válida para mi, elegida? Ni lo mas mínimo.- Soltó un bufido y tiró fuerte de su muñeca , obligándola a acercarse a él dando un paso. La tenía a escasos centímetros de su cara, oliéndola aun mas intensamente. Su pantalón de repente se apretó en su entrepierna. - Respondéis con una pregunta a otra pregunta , y eso solo manifiesta vuestro miedo . Tarde o temprano me lo contareis elegida, ¿ y sabéis porque? Porque soy persistente y sé escuchar. De un manera u otra me lo acabareis diciendo, y no tendré que forzaros a ello. –

La voz salió en un susurro aterciopelado, lleno de promesas que no supo bien de donde venían. Pero así como esperaba, ella no demostró que le afectara en absoluto. Pero oyó desde donde estaba como el corazón se aceleraba y su piel ...¿ empezaba a brillar? Parpadeó un par de veces porque creyó que estaba teniendo visiones. La piel de la elegida volvia a estar con un tono natural. EL estómago de la elegida rugió de repente y eso le hizo recordar que ya era mas de medianoche y que ella llevaba desde ayer en las montañas. Decidió encomendarse a la Virgen porque sabia cierto que lo necesitaría estando con ella. Decidió ser práctico y darse prisa. No había traído consigo comida y el pueblo mas cercano estaba a una hora de camino. No podian destellarse así, corría el riesgo de facilitarle la huída. Así que empezó a andar , lo que provocó que tirara de ella. Ella al principio se resistió a avanzar, y maldita fuese estaba fuerte porque tuvo que aplicar una gran dosis de fuerza para mover ese cuerpo. Al final, ella , de un salto se decidió a caminar a su lado , mostrando visiblemente su cara de desagrado.

– Sois un salvaje, Darius...no tenéis ninguna delicadeza-

- Vos tampoco. Eso en mi puede ser admitido, pero en vos... - Darius bufó y pareció pensar en algo antes de decir en voz baja.- Un cuerpo tan bello con unos modales tan deplorables.-

La elegida se detuvo en seco, para arrancar enseguida y no ser arrastrada por el cuerpo de Darius que caminaba sin detenerse, atravesando el bosque. El ni siquiera miraba hacia atrás, unos pasos por delante de ella. Caminaba mirando al frente, intentando llevar lo mejor posible aquella situación.
No iba a dejar a un lado los planes iniciales por la testarudez de la hembra ni porque la situación de su venida a este lado fuera extraordinaria. Se le había encomendado una tarea , y por la misma Virgen que se la había encomendado, que la llevaría a cabo y con éxito.

- ¿ Creéis que soy bella?- Esas sencillas palabras casi le hicieron detener sus pasos en medio del bosque. De toda la estúpida y breve conversación que estaban teniendo ¿eso era lo que ella había captado? Sonrió de medio lado. Algo tan simple le daba una información crucial en su trato con ella y le hizo gracia que le interesara algo tan banal.

– Como todas las elegidas.- Se limitó a responder con una sonrisa maliciosa que ella no pudo ver, sin dejar de andar mientras tomaban un pequeño sendero que llevaba a un camino principal. Desde donde estaba pudo oírla decir en un pequeño susurro.

- Entiendo- La decepción en su voz no le pasó desapercibida.

Llevaban alrededor de una hora caminando, en silencio desde que habían abandonado los pies de la rocosa montaña. Se veía a lo lejos ya las luces de un pequeño pueblo, pero aun quedaban un par de millas. Como ella no había proferido ni un solo sonido, él había decidido no hacerlo tampoco. Llevaba mas de media hora sin tan siquiera girarse hacia ella. Cada vez que lo había hecho ella le había taladrado con sus ojos diamantinos cargados de furia y le había proferido algún que otro insulto velado . Había decidido dejarla por imposible.

Se giró un momento y vio el aspecto deplorable que presentaba la elegida . Ella había estado caminando detrás de él, sin perder el ritmo de la marcha. Veía ahora su túnica hecha girones, que habían crecido en numero y tamaño .Se maldijo a si mismo por su descuido. Tan obcecado había estado por los modales de ella, que no había estado pendiente de su cuidado. Ella no había proferido sonido alguno durante todo el trayecto. Ni una queja, ni una excusa.

Se fijó en sus pies...que estaban sangrando, llenos de llagas y ampollas. La sandalias de elegida estaban hechas añicos, si podían llamarse ya sandalias. Pero ella seguía sin inmutarse y sin decir nada. Le miraba casi sin pestañear, altiva, con la frente en alto. Se sintió tremendamente culpable por su falta de sensibilidad y a la vez admiró su entereza y su tolerancia al dolor.Pero era una hembra al fin y al cabo y había aceptado una tarea. Y él no era Hharm, no trataba a las hembras como mero ganado ni objetos sexuales. Sin decir nada, se acercó a ella y de un solo movimiento, la cogió por la cintura y las piernas y la levantó en brazos.

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