viernes, 6 de abril de 2012

Escena 7. El principio de la confianza.

El primero sonido que profirió ella fue, por supuesto, una queja en forma de grito.

- ¿Pero ..¿ que?!-

Que la cogiera en brazos en menos de un segundo la dejó estupefacta y sin saber como reaccionar. Hacía ya rato que tenia en carne viva la planta de los pies. Pero no se quejaba del dolor. El dolor formaba parte de la vida y era lo único que ella reconocía como propio...no le asustaba el dolor, al contrario, la hacía sentir viva.
Al verse en brazos del vampiro todo su interior gritó rebelándose ante ese contacto. Tenía claro que no necesitaba la ayuda de ningún macho, miembro de la hermandad o no. Ella podía valerse por sí misma sin problemas. Pero lo que Darius habia hecho la descolocaba tanto , que no sabía como reaccionar. Darius era un macho distinto a lo que ella pensaba que eran los machos.


En contra de lo que su voluntad quería hacer, que era patalear al vampiro y hacer que la soltara, se vió a si misma sujetándose con fuerza a él para no caer en el mismo movimiento de levantarla del suelo. La argolla en sus muñecas era un ligero contratiempo, la limitaba de movimientos. Pasó sus brazos por su cuello, ella era muy grande y él no podía a acunarla como tendría que haber pasado si ella hubiera tenido un cuerpo femenino a la usanza. Su cuerpo era pesado, mas grande de lo habitual y lleno de músculo que a la afeaba como hembra. Cuando se vió en sus brazos...se sintió avergonzadísima. Decidió ayudarle para minimizar el esfuerzo que suponía cargarla en brazos agarrándose mas fuerte. Se maravilló cuando Darius empezó a andar sin apenas disminuir su velocidad, como si ella pesara como una pluma. Ella respiró profundamente para poder vocalizar los sonidos sin problemas, pero tenía la boca seca y no sabía porqué.

– Podéis bajarme, Sire. Puedo andar.-

Darius bajo su mirada hacia ella y sonrío de lado.

– No dudo que podéis, la cuestión es que vuestros pies terminaran peor si os eso sucediera.

– Peso mucho, Guerrero.- Contestó ella con rubor en sus mejillas. Y después guardó silencio -. Él de repente sonrió ampliamente y soltó una carcajada.

– Si hubiera sabido que conseguiría haceros callar y que os mostrarais mas humilde sin todo ese mal genio, os hubiera cogido en brazos antes. –

Payne se revolvió en sus brazos de repente, molesta. Darius volvió a reir.
– No os soltare, y si seguís moviendoos de esa manera, lo único que conseguiréis es que caiga sobre vos. ¿Es eso lo que buscáis elegida? – Preguntó con una sonrisa ladina y un tono divertido en sus palabras.

Payne bulló de rabia, pero dejó de forcejear. Intentaba evitar la mirada de sus ojos, porque no creía que pudiera soportar mas humillaciones. De repente le entraba la timidez...no entendía porqué estaba respondiendo de esa manera.

Sin previo aviso, Darius pisó una piedra en el camino y pareció que casi perdía el equilibrio. Por instinto, ella se sujetó y se apretó contra él, cerrando los ojos, esperando notar en su espalda el contacto de la rugosa superficie del suelo al impactar en él. No sintió golpe alguno y el cuerpo del macho recuperaba el equilibrio. La posición en la que se encontraba en esos momentos la dejó sin palabras. Tenía su torso pegado al suyo, sus caras apenas unos centímetros separadas , podía respirar su aliento a menta fresca . Su piel de repente empezó a brillar y Darius casi la dejó caer por la sorpresa.

– Cuidado! – Gritó ella sujetándose como pudo. El resplandor cesó tan rápido como apareció. Si no la hubiera tenido entre sus brazos, Darius hubiera jurado que había sido una alucinación. La cara de ella era una mezcla de todo y nada. Su expresión era un enigma.

- ¿ Que diablos ha sido eso, elegida? – gruño Darius en medio de la fría noche en el camino.

- Casi me dejáis caer, Sire. – Se limitó a responder ella, bajando los ojos.
- No me refiero a eso... vuestra piel. Estaba brillando.-

Payne se estremeció ante la pregunta y no sabía que responderle. Como se decía a alguien que ese brillo era parte de su herencia materna, q ue su mahmen era la bendita madre de la raza, esa a la que todos veneraban como la Diosa que era.
Payne quería dejar todo aquello atrás, a un lado. Quería olvidar todo su pasado y su linaje y empezar de cero. Pero no quería mentir. No era una mentirosa. Nunca había mentido y no iba a empezar a hacerlo ahora. Sólo decidió omitir ciertos detalles.

– Mi piel brilla a veces...cuando estoy nerviosa. Es un Don que tengo desde que nací.-

Darius frunció el ceño y la miró con esos brillantes ojos azules.

- ¿ hay mas cosas que deba saber y que aún no me habéis contado ?

Payne tragó saliva ante la perspicacia de aquel macho. Además de inteligente, era intuitivo y tenaz. Y persistente.

– Claro que hay mas cosas, apenas hemos intercambiado unas frases.

¿ Pretendéis saberlo todo de mi solo con mirarme a lo ojos? ¿ sois un lector de mentes? – Respondió ella clavando sus ojos diamantinos en las profundidades azules que ahora brillaban casi mas que la luna que tenían encima.

Esa vez fue Darius el que se revolvió incómodo. Ella sonrió victoriosa. Había encontrado una debilidad en él. Quizás eso le sirviera en algún momento.
Sabía por los pergaminos de los grandes guerreros, que para vencer a tu oponente, primero debes intentar conocerlo y anticiparte a sus movimientos. Era bien conocida en el santuario su afición a leer acerca de los venerables guerreros y machos de la raza. Además de visualizar en los cuencos, su pasatiempo favorito en el reino de su madre había sido leer acerca de la vida de esos grandes guerreros. La guerra le atraía, en todas sus facetas. Una de tantas cosas que su mahmen había intentando arrancarle de raíz y que no había conseguido.

Darius no respondió, soltó un bufido resignado y molesto y empezó avanzar de nuevo.

En silencio siguieron un buen trecho del camino, ella mirando al cielo y él sin perder de vista la carretera, observándola de soslayo y sonriendo de vez en cuando. Gotas de sudor empezaron a perlarse en su frente y ella se preocupó un poco . Odiaba tener razón en ese momento, porque eso le recordaba que cargarla era un esfuerzo para él.

El pueblo ya estaba acerca, apenas unos cien metros...pero Darius se desvió hacia un camino adyacente que estaba escondido entre la maleza.

- ¿ A donde nos dirigimos?- Preguntó curiosa. Él le dedicó su mejor sonrisa de lado y rió.

- Vaya,parece ser que yo también tengo cosas que aun no os he contado. Al final resulta que somos mas similares de lo que creíamos.

- Iguales...- ella pareció sopesar la palabra en su mente- Esa palabra me gusta guerrero - Contestó ella sonriendo, relajada. No sabía porque pero estaba empezando a confiar en él. Todo lo que había hecho hasta ese momento le decía que era un macho de valía, pero de los de verdad...de los de cuento de hadas para humanos. No como esos a los que su madre llamaba de valía y luego dejaban a las elegidas en precarias condiciones físicas después de sus encuentros. Ningún macho de valía debería tratar así a una hembra ni a un ser de inferior condición física.
Darius sonrió bajo la luz de la luna .

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