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viernes, 31 de mayo de 2013

Escena 22. EL futuro lo creamos nosotros mismos.






No quería despertar. No quería abrir los ojos, solo quería seguir sintiendo el cuerpo fuerte y caliente de Darius a su espalda. El  macho ahora  dormía a su lado, abrazándola, exhausto después del día que ellos dos  habían disfrutado, dejándola a ella igual de exhausta, colmada, saciada.

No quería tampoco salir de aquel lecho, no quería salir de aquella cama. Allí era donde se había sentido feliz por primera vez en su vida, dichosa, completa. Complementada.

El guerrero a su espalda, se removió en su sueño y posó sus labios en la piel de su cuello, en la nuca, y susurró su nombre en sueños.Ella sintió como su corazón se derretía de amor por él en ese mismo momento, y fue consciente de que además de haber tomado  y marcado su cuerpo, había marcado  su corazón a fuego.

Se había enamorado de él. ¿ cuando? No tenía ni idea. No sabía si había sido un proceso progresivo desde el primer momento que se conocieron, o si solo había sido fruto del  apareamiento del cual los dos habían disfrutado.

Darius le había mostrado un mundo que no conocía, una sensaciones desconocidas que ahora formaban parte de ella. Le había mostrado que ella era capaz de albergar sentimientos de nuevo, que su corazón podía latir otra vez, que la vida tenía mas que ofrecerle.

¿ Qué pasaba con su vuelta al santuario?

Cuando esa pregunta cruzó por su cabeza, notó una presencia familiar en la estancia. Y no era Darius  a su espalda.

Saltó de la cama como un resorte dispuesta a enfrentarla, fuese como fuese.

Un segundo solo  y estaban madre e hija mirándose frente a frente. Una en su forma etérea, energía pura cubierta por el  manto negro que siempre la acompañaba. La otra totalmente desnuda , mostrando la bravía de su cuerpo en una pose mas de guerrera que de elegida.

- ¿ Que estas haciendo aquí, madre de todos?