viernes, 6 de abril de 2012

Escena 3. Conocimiento.

CAPITULO 3. Conocimiento.


Había cometido una estupidez al atacar a aquel macho. Ahora lo veía claro.
No había sopesado bien sus opciones y se había lanzado contra él llevándose llevar por sus instintos primarios, por el linaje de sus venas.
Si había creído que por haber acabado con la vida de su padre, el guerrero llamado Bloodletter, podría acabar con cualquier otro macho, había estado muy equivocada.

Su aversión a los machos era sobradamente conocida en el santuario. Su mahmen estaba irritadisima con esa actitud suya a negarse a cumplir con su destino de elegida. Y esa misma insistencia era la que había calado tan hondo en ella que se había convertido en un aborrecimiento irracional contra el otro sexo .


Le había atacado por instinto, un acto reflejo de supervivencia. Los machos eran bien conocidos por su salvajismo ante las hembras, su padre era un claro ejemplo de ello. Sabía perfectamente que su concepción fue una autentica violación a su madre y que sólo se salvó de morir porque era una criatura mística. Pocas hembras sobrevivían a las atenciones del Bloodletter. Y los demás machos que había visto en los cuencos eran iguales a él. No vivían machos en el santuario, a excepción del Primale y ella nunca se había a cercado a él. No quería ser tocada ni siquiera por el Gran Padre. Cierto era que todos los que había visto en los cuencos eran miembros del campamento que dirigía su padre, porque ella solo miraba a la tierra para saber de su gemelo...y todo lo que había visto le había asqueado en extremo.

Había tardado diez minutos en rendirse, era orgullosa y no daba nada por perdido nunca...hasta hoy. Porque todo lo que tenía de salvaje, también lo tenía de inteligente. La naturaleza de su madre le había otorgado un cerebro privilegiado , si se detenía a usarlo y no se dejaba llevar por sus instintos. Así que en esos diez minutos, como si de una partida de ajedrez se hubiera tratado, sopesó todas y cada una de las posibilidades que tenía al alcance.

Podía haber hecho uso de su capacidad ígnea, pero el macho que la sujetaba sólo se había defendido ante su ataque, no la había atacado...eso le hacia merecedor de una oportunidad. Además, se negaba a ser una asesina a sangre fría como su padre.

– Suéltame guerrero, ya me habeis oído- Ahora era momento dar su brazo a torcer si no quería perder el que tenía cogido el vampiro pero su orgullo había hablado de nuevo por ella. Como hembra tenía que haber sonado sumisa y obediente.

Notó como el agarre del macho aflojaba en fuerza y al final soltaba su brazo. Ella se puso de pie lentamente y al final se dio la vuelta para verle la cara de cerca al macho que la había conseguido doblegar físicamente. Al menos le debía eso antes de matarlo si intentaba algo contra ella.

La visión del macho que se encontraba mirándola fijamente con sus ojos azules la impactó sobremanera. Era alto, como debía ser un guerrero, y era ancho de hombros como esperaba. Pero lo que le impactó no fue la envergadura de su cuerpo, el propio de un guerrero, ancho de espaldas, de fuertes brazos y piernas. Lo que le impactó fue el porte de aristócrata que portaba en su semblante como estandarte. No se parecía en nada a los salvajes desarrapados que había en el campamento de su padre. Su pelo negro largo, recogido limpiamente con una cinta de cuero hacia atrás, sobre su espalda, era el marco perfecto de aquellos ojos azules y rostro de perfectas facciones que la observaban detenidamente, con curiosidad y después de unos segundos con sorpresa en su rostro. Iba vestido con ricos ropajes, de telas que solo los mas pudientes de la raza podían permitirse.

Vió como sus pupilas se dilataban al observarla y el desconcierto cambiaba un poco su gesto.
-¿Quién sois? – Oyó como el macho preguntaba al mismo tiempo que deslizaba su mirada por el resto de su cuerpo, inspeccionándolo. No era una mirada teñida de lujuria, simplemente estaba examinándola. No supo porqué pero en su fuero interno le fastidió que no la mirara de esa manera, como tendría que haber mirado a una hembra elegida. Eso sólo le confirmaba lo que siempre había sabido, que era una hembra imperfecta a ojos de los machos y que su destino no era el de las demás hembras. Ella misma bajó su mirada allá donde él estaba mirando y pudo hacerse consciente de que su túnica blanca estaba sucia, rota en innumerables lugares, y se veía demasiado de su cuerpo, ahora lleno de arañazos y magulladuras. Dormir en el suelo de la cueva no había sido muy buena idea. Notaba la suciedad en su rostro y sus manos estaban negras al igual que sus uñas. Parecía una trotamundos de esas de las que había leído en los pergaminos de la gran biblioteca.

Las palabras salieron de su boca con la educación que había recibido durante los años de su crecimiento.

- Sire, soy una de las hembras que conocéis como elegidas y ..-

- Eso ya lo sé, se lo que sois...quiero saber quien sois. – Le interrumpió de repente con una voz que le pareció demasiado templada para ser la voz de un guerrero.- Teneis su misma cara. ¿ Sois una de las muchas hembras bastardas engendradas por el Sanguinario?-

Su pregunta la cogió tan de sorpresa que sintió como el corazón le salía casi por la boca. ¿Tan evidente era que era su hija? Sabía que su padre había tenido innumerables hijas fruto de sus excesos e impulsos sexuales sin control. Con la frente bien alta y clavando sus ojos en él, respondió lo mas correcta que pudo.

– Soy una de las hijas engendradas por el sanguinario, si. Y no soy una bastarda, mi madre fue...- se detuvo en seco. No iba a decirlo, no se sentía orgullosa de la que había sido su mahmen ni de su actitud con ella ni con su hermano. Por lo que a ella concernía su mahmen no existía-...una de las elegidas del santuario. -

Como miembro de la hermandad, el Sanguinario podía aparease con cualquiera de las elegidas para perpetuar el linaje y asegurar la continuidad de la raza si la Virgen Escriba lo decretaba.

- No sabía que el Sanguinario se hubiera emparejado ni vinculado- respondió el macho sin alterarse. Solo estaba constatando un hecho, no emitiendo juicio de valor alguno.

-No lo hizo. Sabéis que no es necesario emparejarse para procrear con las elegidas.- El macho asintió y entonces fue cuando se relajó. Lo vió en su lenguaje corporal. Algún tipo de entendimiento interno le hizo calmarse y dejar de estar en guardia.

Ese tenia que haber sido el momento de desmaterializarse. Ese había sido el momento, pero algo invisible y que no consiguió entender le hizo no hacerlo. No supo porqué pero en vez de escapar, se quedó observándole y dándose cuenta de que estaba teniendo por primera vez una conversación con un macho, y en contra de lo que siempre había pensado, era una conversación en la que no participaban ni la sed de sangre ni la sed de sexo .

- No , no lo es. – Entonces el macho hizo algo que ella no se esperaba, inclinó su cabeza en señal de respeto y se anunció

- Mi nombre es Darius, elegida. Darius hijo de Marklon y estoy aquí a vuetro servicio para llevaros a un lugar seguro hasta que seais reclamada.

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