Darius sintió como los ojos de la hembra se clavaban en él al inclinarse en reverencia. Fue un movimiento arriesgado, nunca se debía perder de vista a un enemigo...pero ella no era un enemigo. Era una elegida, una de las hembras de mas alto rango entre las hembras de la raza, una que ponía su vida a servicio de la venerable Virgen escribana y por designio suyo, ponía también su vida a servicio de los miembros de la hermandad. Entonces, ¿ porque sentía en su interior que algo no estaba bien en todo aquello?. El reconocerla como hija del Sanguinario había sido un pequeño golpe del que solo había tardado segundos en recuperarse. Recuerdos del tiempo sufrido a manos de aquel animal intentaron salir a flote, pero su autocontrol se impuso. Eso y los años de experiencia que llevaba en su espalda. Él sabía mejor que nadie que uno no elige ser hijo de quien es, no le era desconocido el sentimiento de tener un guerrero por padre ausente. Dedujo que como elegida criada en el santuario, su padre se había limitado a poner la semilla en su mahmen y a olvidarse por completo de ella. El Sanguinario no era famoso por sus expresiones de cariño. En efecto, el que hubiese sido criada lejos de aquel animal era lo mejor que podía haberle pasado a esa hembra.
No pudo dejar de impactarse por su aspecto, era el vivo retrato de aquel bastardo... en versión femenina. Incluso diría que con el mismo brillo salvaje en sus ojos. Pero no había crueldad en ellos, al menos no en ese momento. Sí había furia y determinación, pero no aquel rictus miserable y cruel que portaba el macho como estandarte.
Estaba ligeramente sorprendido por la actitud de la hembra, nada que ver con lo que él estaba acostumbrado a ver en las hembras de su raza y sobretodo en las elegidas. Su mente investigadora ya estaba discurriendo posibles explicaciones con la poca información de la que disponía. No podía evitarlo, por mucho que su educación y costumbres de su raza le estuvieran pidiendo a gritos que dejara todo aquello y se limitara a seguir los designios de la gran madre.
Era un gran indagador y tarde o temprano, el puzzle terminaría por ser montado. Lo que tenía en frente no era una elegida en apariencia, aunque llevara una túnica blanca y la misma Virgen Escribana la hubiera llamado de esa manera. Lo que tenía en frente le estaba mirando directamente a los ojos , casi desafiándole y eso era inconcebible en una hembra , y menos en una de su linaje.
La hembra se estremeció un poco y pudo notar en ella su asombro ante su movimiento de inclinación. Extraño. Ella sólo tardó un segundo en recobrar su gesto de desconfianza. Pero no hizo lo que él hubiera esperado en una elegida. No se inclinó a su vez en señal de respeto y reverencia. Ella se quedó mirándole, con un regio porte y con el ceño fruncido. Algo estaba dándole vueltas por al cabeza.
– Darius hijo de Marklon, vuestro nombre es conocido entre mis hermanas y por mi. Permitidme que me presente a mi misma. Mi nombre es Payne, y como bien habéis descubierto soy hija del Sanguinario.- Y aquí fue donde él quedó desconcertado, al recibir la reverencia de forma tardía con una leve inclinación de su cabeza. Se quedó perplejo. ¿ era o no era desconcertante aquella hembra?.
–Y ahora Sire - ella pareció que tomara aire e intentara controlarse- ¿ podríais explicarme el significado de vuestra frase en al que decís que estáis a mi servicio hasta que sea reclamada?-
Ella le hizo la pregunta mirándole directamente a los ojos. Y Darius quedó casi hipnotizado al sentir aquellos ojos diamantinos taladrándole. Si el que hubiera sido enviado a buscarla hubiera sido alguno de sus otros hermanos, esta simple acción le habría valido a la elegida una buena dosis de reacción masculina descontrolada. Pero gracias a la Virgen , era él el que estaba allí frente a ella, el miembro que mas valor otorgaba a las hembras. Él era famoso por su diplomacia, paciencia y modales aristocráticos con los que había sido criado. En ese momento entendió una parte del puzzle, el porque la Virgen Escribana le había enviado a él y no a otro.
- ¿ Me preguntais directamente y mirándome a los ojos? – La pregunta la hizo de forma jocosa, con cierto tono de ironía, y en el fondo divertido a la vez que desconcertado. La hembra no ocultó su sorpresa ante la pregunta. Y dejo vagar su mirada un segundo hacia ninguna parte como si hubiera sido pillada haciendo alguna cosa inapropiada. Que de hecho sí había hecho. La hembra inspiró antes de responderle.
- Disculpad mis modales, Sire. En el santuario siempre se quejaron de mi falta de atención en ciertas enseñanzas ..- el tono de su voz parecía tañido de tristeza. Enseguida recuperó la regia porte de su rostro irguiéndose y mirándole de nuevo a los ojos.
- No habéis respondido a mi respuesta Sire. -
- No, no lo he hecho. Disculpadme vos a mi, elegida... Payne.- tardó en pronunciar aquel extraño nombre para una hembra. – Me extraña que sea lo primero que me preguntáis. No me habéis preguntado ni como os he encontrado, ni como he sabido que estáis aquí.
– No me hace falta preguntar algo que ya sé, Sire. – Se limitó ella a responder siempre manteniendo la mirada al frente. Su voz no era tan altiva como su mirada. Su voz sonaba incluso suave en medio de toda esa entereza. - Sabéis que estoy aquí porque habéis recibido la información de ella. –
- ¿Ella? – Darius preguntó pero sabía perfectamente cual era la respuesta. Sólo podía haber un Ella. La elegida frunció el ceño como si no creyera su pregunta. Oyó como tragaba saliva y no contestaba inmediatamente.
–¡ Ella! – al fin respondió elevando sus ojos hacia el firmamento- La venerable Virgen Escribana- Darius no supo porqué pero aquellas palabras salieron de la boca de la elegida con cierto...¿esfuerzo y desagrado ? Debía de ser un error de sus sentidos y de su mente.
Vio a la hembra abrazarse a su misma y frotarse las los brazos para entrar en calor y recordó de repente que estaban en medio del bosque cercano a la montaña y que la temperatura estaba descendiendo. Y la hembra no llevaba ropa adecuada para ese clima. La túnica habitual de las elegidas ya no era una prenda adecuada, pero la túnica destrozada que portaba esta, lo era aun menos. Se sacó al abrigo largo de piel que llevaba encima mientras ella le seguía observando. Cuando hizo el ademan de colocárselo sobre los hombros ella no se movió del lugar para acercarse y facilitarle el moviendo. Mas bien se mantenía a distancia.
– Sois muy amable Sire, pero aun no me habéis respondido. Habéis dado vueltas ante mi pregunta, y aun no me habéis dado una respuesta. – Darius se quedó con el abrigo en las manos. ¿ Estaba aquella hembra exigiéndole a él algo? ¿ Y rechazaba la prenda de abrigo esperando una respuesta? Esta era sin duda una elegida distinta a todas . Inspiró una bocanada de aire frío y dejó que el oxigeno entrara bien en sus pulmones. No sabía porque pero algo le decía que la respuesta que diera sería crucial en ese momento. Decidió abordarlo todo como hacía siempre.
- Fui enviado aquí por la venerable madre de la raza para recogeros, ponerme a vuestro servicio y ser vuestro ghardian hasta que ella os reclame. – Sintió de repente como el aire circundante se calentaba. Y como las moléculas de alrededor empezaban a vibrar. Fue mas rápido que ella. Tiró su abrigo al suelo y sacó las esposas de acero que llevaba en el cinto. Un segundo mas y solo hubiera encadenado el aire del lugar donde estaba la muñeca de la hembra. Pero consiguió asirla y atraparla. La vibración de las moléculas desapareció y ella permaneció en el lugar sin poder desmaterializarse. Pero el aire seguía caliente, su cuerpo estaba casi ardiendo al tocarla.
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