viernes, 6 de abril de 2012

Escena 2. La mision



Darius se materializó en un tramo del espeso bosque, tomando forma junto a la entrada de la cueva que había sido insertada en su córtex cerebral. Había decidido destellarse hasta llegar directamente al lugar que el instinto y lo insertado por la Virgen le llevaba.

Sólo habían pasado unas horas desde que el sol se había puesto y el aire ya estaba enfriandose rápidamente. Había dejado la misiva pertinente en el nicho asentado en el muro de roca del santa sanctorum de la hermandad, avisando al resto de sus hermanos indicándoles que le sustituyeran en las salidas y repartos de territorios. No había puesto motivo alguno en aquella misiva. Él era Darius, y la confianza que tenían en él era plena. Solo Hharm alguna vez le había discutido, pero desde que su hijo Tohrment había ingresado en la hermandad y él lo había acogido como Wahrd, nadie osaba enfrentarse a él, ni discutian sus decisiones, incluso Ahgony, el líder, no debatía ninguna decisión que él tomara.



No había querido que la elegida pasara mucho tiempo sola.Todos sabían que las elegidas eran hembras frágiles, angelicales... y si las visiones que había metido la Virgen Escribana en su cabeza eran ciertas, esta estaba en precarias condiciones, sola, durmiendo en el suelo de una sucia cueva. No entendía como una de las elegidas había terminado en esa situación. Todo aquello le resultaba muy extraño. Pero no iba a ser él quien increpara ni preguntara nada fuera del protocolo a la venerable madre de la raza. El tenia una tarea que hacer y la haría. No era a lo que estaba acostumbrado a hacer cada noche, pero no sería muy difícil llevarlo a cabo.

Mientras escudriñaba la noche, escuchó cualquier ruido que pudiera alertarle de un peligro inminente. Había venados andando sigilosamente en torno a la tranquila corriente, la brisa silbaba entre las agujas de pino y podía oír su propia respiración. No había humanos ni lessers ni depredadores peligrosos.

De repente sintió un aroma a canela a su espalda, un ruido de pliegues de ropa y acto seguido algo que impactaba en su rodilla haciendo que su pierna se doblara sin poder aguantar su peso en medio del dolor. No se dejó llevar por aquel ataque sorpresa. Recuperando de nuevo el equilibrio y sin ver a su oponente plenamente, llevó sus brazos hacia atrás y consiguió agarrar algo que parecia tela. Miro su mano mientras se daba la vuelta y el asaltante desaparecía de su vista, desmaterializándose. Se fijó en su mano y vio un trozo de tela blanco. Algo se materializó detrás de un árbol cercano y lo siguiente que sintió fue un doloroso impacto en lo alto de su cabeza.

La piedra cayó a sus pies dejando un reguero de sangre que le cegó el ojo derecho. Se agachó por instinto y se cubrió detrás de unas rocas. Se aclaró la sangre del ojo frotándose con la mano y concentró su atención en lo que había detrás de ese árbol. Desde su posición y gracias a sus sentidos desarrollados, oía como respiraba entrecortadamente y como el corazón le latía desenfrenadamente. Era un vampiro y por el aroma era una hembra. Y vestida de blanco.
La elegida.
En ese momento su instinto le dijo interiormente que esto iba a ser el principio de algo totalmente inusual. ¿Una elegida pegándole patadas que tumbaban a un macho de mas de cien kilos y tirándole piedras contundentes capaces de abrirle una brecha en la cabeza? La situación cada vez se estaba poniendo mas extraña . Sentía curiosidad por todo aquello.

Se concentró en el lugar donde oía como ella intentaba recuperar la respiración y se desmaterializó. Se materializó frente al cuerpo de una hembra que estaba de espaldas, agazapada detrás del árbol, intentando ver el lugar donde estaba él hacía unos instantes.
Su pelo negro estaba recogido en una larga trenza, al modo de las elegidas y le llegaba hasta el final de la espalda . Era alta, apenas una cabeza mas baja que él.

La sujetó bien fuerte por los brazos para inmovilizarla y la levantó . Las hembras aunque fueran seres indefensos, sabían usar las uñas, los dientes y las manos. Enseguida se dio cuenta de que los brazos que estaba sujetando no eran delgados, frágiles ni delicados. Eran fuertes y fibrados. Y estaban tensándose debajo de su agarre.
Olió la furia en la hembra, diluyéndose mucho en ese aroma a canela picante que le había embestido de nuevo al acercarse tanto a ella. Ella intentó enseguida zafarse de su agarre, revolviéndose e intentando propinarle patadas en su entrepierna incluso en esa posición.

Tuvo que esquivar también dos cabezazos .

Darius actuó por instinto.

Nunca atacaba a las hembras, para él eran objeto de veneración...pero si no hacía algo inusitado con esta, ciertamente acabaría por hacerle daño en algún lugar muy preciado por él. Con un movimiento rápido, acabó retorciéndole el brazo haciendo palanca con su muñeca. Era un movimiento muy bueno en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo con los lessers. Normalmente él aplicaba mas fuerza y se llevaba el brazo del restrictor con un simple tirón en esa posición. Pero en ese momento solo aplicaba la fuerza justa para obligar a la hembra a estarse quieta.

– Estaros quieta,Señora... ¡no he venido a haceros daño1-

La hembra solo gimió en respuesta y no se dejó doblegar tan fácilmente. Se revolvió de nuevo y casi se zafó de su agarre . Darius tuvo que apretar mas fuerte. Parecia que estuviera luchando con un macho. La obligó a arrodillarse en el suelo con un tirón, manteniendo la palanca sobre su brazo. Se acercó a su oído desde atrás y dijo con la voz mas suave que pudo.

-He dicho que no voy a haceros daño, ¿Entendido?-

La hembra pareció entenderle y tras unos segundos en los que pareció que sopesaba sus opciones, Darius sintió como ella dejaba de tirar debajo de él.

– Si prometeis no atacarme ni escapar corriendo, os soltaré. –

Ella al principio no respondió. Él tampoco se movió ni dejo de apretar. El podía tener estar así toda la noche,había hecho cosas peores y de peor manera en la infinidad de luchas que llevaba a sus espaldas, eso era nada en comparación a lo que podía llevar a cabo. Oyó resoplar a la hembra y después de unos buenos diez minutos oyó un murmullo bajo.

– Prometo no atacaros ni salir corriendo. Soltadme, guerrero-

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