jueves, 30 de mayo de 2013

Escena 21. Mía.Tuyo.




Ella oyó la pregunta en medio del latido de sus sienes, el rugir de su sangre, intentando recuperar la respiración. Podría haberse dejado llevar por el placer que le había hecho descubrir Daríus y  olvidar incluso su nombre y quien era...pero la voz del macho que ahora se había convertido en el centro de su mundo la hizo volver a la realidad, a él, al momento que acababa de disfrutar. Levanto su mirada hacia él y su cabeza y sus  brillantes ojos azules la encadenaron del todo a él. Apenas  consiguió aclarar su garganta y volver a su consciencia antes de responder.

- Estoy mas que bien Sire...Daríus. Por favor, dejadme llamaros por vuestro nombre,  deseo que vos me llaméis por el mío. -

Tal familiaridad estaba prohibida para las elegidas, todo dechado de virtudes y anodinas , siempre miembros de un todo. Y nunca individualistas. Todo lo contrario a lo que ella era. Y quería en este momento disfrutar de su rebeldía e individualidad.

Sin apartar la mirada de ella, él asintió besándola de nuevo y  dejándole ese dulce sabor en sus labios.  Ella sabía que no encontraría en el mundo otro sabor que la deleitara como este. Nunca.  Pero inmediatamente Payne sintió que su cuerpo pedía  mas. Una necesidad ancestral de querer sentirse colmada  por el macho que la estaba poseyendo en cuerpo y alma se instauró en  ella misma y dejo su mente ausente de otro pensamiento. Dio las orden a sus brazos de moverse .Gimió sintiéndose frenética, mejor que nunca.Tenia una sensación en su bajo vientre que aun no entendía pero que sus instintos pronto verbalizaron sin que ella pudiera hacer   nada por frenarlos.



- Pero no estoy completa.  Sé que hay  mas  ¿ creéis que podéis dármelo, Daríus?-

¿ Era ella la que había soltado semejante juego de palabras?  ¿ Que había medio suplicado a un macho? Gracias a los dioses no se había postrado frente a él besándole los pies, que quizá era algo que su cuerpo estaba pidiendo. Maldita fuera la genética de su raza. La hembra supeditada al  macho. ¡ Gracias mahmen!

Si, había sido su voz, y su sexo chisporroteó ante el brillo de los ojos del macho al pronunciar ella esas palabras. Miró hacia a bajo y se dio cuenta de que él  aun estaba vestido. Ella quería ver su cuerpo, la gloria de aquella carne por la que  ahora suspiraba. En aquella bata, en casa de los Pollok, su cuerpo le había provocado pensamientos poco adecuados....pensamientos que ahora quería verificar y comprobar por si misma.


Daríus abrió los ojos como platos cuando sintió las manos de la elegida en el cordel que cerraba sus pantalones. Ella  no dejó que pelearse con aquel mecanismo que debía ser de  defensa o algo así porque no conseguía  mas que marear el grueso hilo. El al final rió ante la desesperación que Payne reflejaba en su cara mordiéndose el labio inferior ante la resistencia del cordel.La elegida gruñó de frustración.

- No pienso cejar  en mi empeño, Daríus...así que  decidme si le tenéis aprecio a vuestros calzones porque los voy a romper  si no se abren.-

Su voz había salido dominante,  seductora,erótica incluso para ella. Se estaba sintiendo como una diosa pagana de la lujuria y eso se sentía tan bien...mas que bien.  Nada de ello cuadraba con lo que ella había creído o sentido, pero no iba a cuestionar nada mas,  iba a dejarse llevar por aquella sensación  hasta cruzar los limites de todo lo imaginable.

Darius no estaba seguro de como actuar. La elegida era newling, él mismo había notado la estrechez de su  cuerpo y el tope de su membrana cuando entró con sus dedos en su interior, pero la pasión de su mirada , el hambre con el que le observaba,  lo dejaban desconcertado. La pasión con la que le  habló lo dejaron medio en trance, pero su hembra había  pedido y el iba a dar. Su mente solo le decía que si su hembra deseaba verle desnudo, le vería. Y si quería la luna, ya haría él también por traérsela
Antes de retirarse de  encima de ella, la beso fugazmente. Se incorporo y se sentó sobre sus rodillas. Normalmente  él se  habría reído ante semejante falta de destreza en una hembra ante  una acción tan sencilla...pero la elegida venía del santuario y el sabia que esas cosas no se enseñaban hasta que estaban con el macho. La mecánica del apareamiento era bien conocida por todas ellas, sobretodo por las ehros, pero las especificidades del vestido , de ciertas practicas, elecciones...lo dudaba.

Payne se incorporó sobre sus codos para poder verle mejor y se lamió los labios instintivamente ante la expectativa de verle. Su vestido medio desecho la hacia parecer una hembra  de burdel, pero en ese momento daba exactamente igual lo que pareciera. El tenia claro que el vestido desaparecería en menos de  un minuto cuando por fin pusiera sus  manos sobre él. Las enaguas solo habían sido el ejemplo de lo que le ocurriría al dichoso vestido. Sus  pechos cremosos, firmes enhiestos apuntando hacia él le estaban minando las fuerzas que requería concederle los deseos a la hembra y no tomarla como un salvaje.

Darius se quitó la camisa en menos  de un segundo, lanzando la tela a través de la habitación mientras le sostenía la mirada de forma arrebatadora.  Payne  disfrutó viendo el torso desnudo del que había comprendido ya que  iba a ser su amante,  al menos por ese día,  y pudo entender el porque de la insistencia de su mahmen en la crianza de los machos y las hembras cercanos a ella. Había visto a Darius  semidesnudo en la mesa del sanador, pero en ese momento , ella  había estado  mas pendiente del daño físico ocasionado que en la perfección de su cuerpo. Ahora era distinto.

En medio de la fiebre sexual a la que estaba sometida, el  magnifico cuerpo que tenía enfrente y que desprendía el mas maravillosos de los aromas,  le provocaba  otra vez  que su cuerpo se preparara para él. Se volvía a sentir necesitada, hinchada en sus pliegues mas íntimos, húmeda y resbaladiza entre las piernas. Vacía sin él dentro de ella. Eso ultimo fue toda una sorpresa...pero tan familiar y correcto como que él era para ella.

Darius se desabrochó el cordel que cerraba  los pantalones de cuero bajo la atenta mirada de la elegida y eso lo hizo ponerse aun mas  inflamado que nunca. Cuando abrió lo suficiente la tela, su miembro saltó al frente erecto, listo, preparado.   No quiso precipitarse y se las arregló para quitarse las botas y los pantalones por completo, incorporándose lo necesario. Ella le observaba sin decir nada, solo deslizando su mirada sobre él, curiosa,¡ Diablos! Era endiabladamente seductora en esa posición y con esa actitud retadora.

Ella le miró  curiosa, sonrío de forma divina, se relamió los labios y suspiró encantada.

- Sois enorme Sire...un verdadero phearson. Digno de  servir a una hembra-

Darius abrió los ojos como platos. ¿ Esa era la misma elegida que había estado tímida y dubitativa en sus brazos, que se había corrido en sus dedos casi avergonzada de hacerlo? Resopló como un toro ante aquellas palabras .

Totalmente desnudo, se dirigió hacia ella y la ropa que le separaba de ver la totalidad de su piel. Cogió el  vestido subido de la hembra y lo consiguió sacar por sus caderas tirando con fuerza. Cuando fue a quitarle el corpiño que el había arrastrado hacia abajo,  hacia su cintura, se lió y no queriendo romperle la prenda, decidió que se la dejaría puesta. Es mas, el corpiño estaba apretándole y subiéndole  los pechos , exponiéndolos para que él pudiera disfrutarlos.
 Si, el corpiño se quedaba.
La camisola superior corrió el mismo destino que el resto de la ropa, terminó en el  montón que había lanzado al  suelo y sonrió lobunamente al volver sus ojos hacia aquella que no dejaba de perderse ni un solo movimiento que él hacia.
Bendita curiosidad femenina.
 Payne olía cada vez mas a sexo y el ya estaba  ya medio loco. Sin perder de vista su mirada diamantina, él colocó sus manos sobre sus rodillas y  las abrió hacia fuera. No encontró ninguna resistencia por parte de ella.

Cuando vio el objeto de su deseo, casi pierde el férreo control al que se estaba sometiendo. Su cuerpo ya estaba perlado en sudor y aun no había empezado realmente.  Apretó la mandíbula, inspiró  todo el aire que pudo y cerró los ojos para no perderse. Cuando abrió los ojos la hembra se había incorporado sentada, le estaba sonriendo de forma traviesa y  mordiéndose el labio inferior.

Le pregunto con la mirada si podía, y el no pudo decirle que no. Ella  acerco la punta de sus dedos hacia su miembro, y acarició dubitativamente la punta. El gemido de Daríus la estremeció .

- ¿ os duele? –

Pregunto ella . Él casi se derramó ahí mismo.
 La detuvo con su  propia mano , agarrando  la muñeca de la hembra y ella  le miró sorprendida. Iba a abrir la boca seguramente para disculparse cuando él se lo impidió.

– No, no duele...no como creéis. No habéis hecho nada malo, pero si seguís así no podré comportarme como un  macho de valía. Eyacularé fuera de vos, en vuestra mano y eso es una vergüenza para un macho la primera vez que está con su hembra-

En el ultimo momento se dio cuenta de lo que había dicho y ya no pudo dar marcha a tras.
Payne lo miró asombrada  con los ojos mas abiertos que nunca. Estaba todo perdido. Ella ahora lo rechazaría y saldría corriendo de su cama. Una elegida no era de nadie,  pertenecía al santuario, a la madre de la raza y por ende....al Primale y los otros machos de la hermandad.

Pero  Payne no retrocedió ni  movió su mano de donde estaba. Lo miró  perpleja a los ojos como si pudiera ver en su alma, como si pudiera atravesarlo.

– Me... ¿me consideráis vuestra hembra?

Él resoplo y se pasó la mano por el pelo, tratando de  guardar la compostura.

–  ¿ No os dice nada el aroma que desprendo?  Sois en verdad bastante ignorante en cuestiones amorosas y de apareamiento-

Ella pareció sentirse disgustada ante ese comentario.

– No hace falta que me faltéis, Darius, Solo preguntaba-

La decepción se veía en los ojos de ella y el se sintió como un miserable por haberla decepcionado.

No pudo contenerse. Se lanzo hacia ella, tumbándola de nuevo sobre su espalda, colocándose entres sus piernas abiertas y notando sus pliegues acunar su sexo. Pero solo se limito a abrazarla ,agarrándola por la cintura, besando su cuello.

- No me rechacéis este día, no lo hagáis. No puedo reclamaros como mía ante nadie  porque pertenecéis al santuario, pero puedo  hacer que os sintáis como toda hembra quiere sentirse  ante un macho.-

Payne no sabia como abordar aquella situación y no quiso pensarlo. Su respuesta fueron sus actos. Enroscó sus piernas en las suyas, rodeando su cintura, agarrando su pelo con las manos y besándole con fiereza. Después de perder el aliento en su boca se separo unos pocos segundos para dejar algo claro

- No habléis mas. ¿ entendido? Las palabras es lo que ahora sobra aquí. Ahora solo estamos vos y yo y un día en el que podemos sentirnos como queramos. Quizá cuando llegue la noche el mundo se nos caiga encima , pero ahora...sintámonos libres el uno con el otro.-

Darius asintió volviendo a posar su boca sobre ella y entonces empezó a contra ella.  Había mentido cuando le había dicho que no  dolía, Oh si, estaba dolorido por entrar en ella. Su saco estaba a punto de estallar , con sus testículos tensos,llenos.  Su miembro estaba igual.

El resopló porque estaba al  límite de su resistencia. Y ella sonrío de forma alarmantemente picara y su aroma de excitación creció. Podía oler y sentir como ella estaba humedeciéndose. ¡Virgen del Fade! Si no la tomaba ya moriría de combustión espontánea.

Payne sonrió y  su corazón salto en su pecho. Todo lo que le estaba haciendo  la elegida le estaba gustando tanto a ella  como le estaba gustando a él, en la misma medida.  El se estremeció y ella le miro curiosa. Le había prometido que no hablaría pero esto tenia que decirlo.

- Eso es lo que me estáis haciendo, elegida. Mi mundo está del revés desde que habéis entrado en él.-

Ella le miró con los ojos brillantes, pareció quedarse desconcertada un segundo para luego sonreírle amablemente. Acarició su mejilla con una de sus manos y le beso dulcemente en los labios

- Y vos el mío, Darius. No os imagináis hasta que punto-

El corazón del macho dio otro vuelco en su pecho y entonces supo que estaba perdido. Vinculado e irremediablemente enamorado de la hembra que tenía entre los brazos.

Se besaron como si el mundo fuera a acabarse, queriendo aprovechar hasta el ultimo segundo.

La elegida   jadeaba y gemía de excitación. Sus manos vagaron por el suave y turgente cuerpo femenino hasta perderse en los pliegues mas secretos . Darius sonrió en su boca complacido al notarla mas húmeda que antes incluso. No había querido entrar ella, conformándose permanecer en su entrada, hasta comprobar que podía albergarle.

- ¿ estáis segura de que queréis seguir hasta el final? Ahora es el momento de detenerme, elegida. Después ya no podré hacerlo-

Esperó su respuesta, investigando en sus ojos, esperando una negativa. Solo obtuvo una maravillosa sonrisa de ella, junto con la mas dulce de las caricias en la mejilla que podía hacérsele a un  macho en cualquier momento

- Estoy completamente segura, Daríus. Sois vos el elegido para este momento, sois vos y nadie mas. Quiero esto-


No era posible tanta dicha ni tanto gozo en todo el mundo como en ese momento. Darius estaba al borde de todo  y apretaba los dientes  para no derramarse fuera. Tarea  arduamente complicada cuando ella deslizó su mano por su torso, recorriendo  la piel de su pecho.
Su miembro rozó los pliegues mas intimos de la hembra, y ella jadeó, elevando las caderas , invitándolo. No se hizo esperar, comprobó con los dedos lo abierta que estaba y la delicia de su fogosidad liquida y se sintió complacido. El canal de la hembra iba a ser estrecho, pero sabia que  se amoldaría a él rápido, como lo hacían las de su especie mas dignas, las elegidas.

Entró en ella despacio, impregnándose primero de la humedad circundante. Cuando noto la resistencia habitual de las newlings, se detuvo y dejo a la hembra que respirara.

- ¿ Estáis bien, elegida?-

Ella , que estaba abrazada  y arqueada hacia él, le miró a los ojos.

- Estoy Bien. Por favor..continuad. No temáis por el dolor. El dolor es momentáneo dicen mis hermanas.-

Darius asintió, y respiró antes de continuar. Le estaba costando un gran sacrificio, notaba la tensión en  todo su cuerpo al no dejarse llevar como habitualmente lo hacía . Quería dejarse ir, colmarla como solo los de su linaje sabían  hacerlo, pero era la primera vez para ella y maldita fuera, si no quería que fuese especial, no que le recordara como aquel que la había roto sin cuidado. Los testículos se le gangrenarían pero ella se sentiría dichosa cuando terminaran.

La beso con fiereza y ella respondió al beso, queriendo mas, jadeando en su boca, moviendo sus caderas otra vez, invitándole...y entonces él empujo con decisión, deslizándose por aquella estrechez humeda y caliente con fuerza, entrando hasta que noto la entrada de su útero frenarle.

Se detuvo ante el gemido de la hembra. Virgen del Fade, no se había sentido tan inseguro en años.

- ¿ estáis..?-

- Seguid,Daríus.Seguid ¡No os detengáis!-

Dijo ella apretando los dientes. Aquello rompió su autocontrol , mas incluso cuando sintió los talones de la hembra clavarse en sus glúteos, instándole a que  reanudara sus movimientos.

No necesitó mas motivación.

Empezó a entrar y salir de ella de forma lenta, suave...sin pausa pero sin prisa, dejándola que se habituara a su  tamaño. . Pero pronto esos movimientos fueron aumentando en su velocidad e intensidad cuando ella empezó a coordinar los movimientos de sus caderas con los suyos. Gemía y se encorvaba. Era  una diosa para él sólo.

Su mano  se precipitó en la unión de sus cuerpos, buscando lo mas sensible en el cuerpo de ella y cuando lo encontró ella emitió un gritito que lo hizo gruñir.

Siguió deslizándose en aquellas profundidades exquisitas  y acariciando el punto sensible cuando sintió  que las paredes de la hembra  se ceñían en torno a él y se tensaban. El buscó con su propio miembro la inclinacion  que precisaba la hembra para lanzarse al abismo. Con la siguiente embestida la hembra gritó tan alto su nombre que las  paredes temblaron.

Supo cuando tenia que hacerlo,le ofreció su cuello y ella clavó sus colmillos en su vena con fuerza, con fiereza...bebiendo de él con ansia mientras culminaba  y convulsionaba de placer bajo su cuerpo.

El  bramó como un animal segundos después,  acompañándola en su liberación, sintiendo como todo su cuerpo se derramaba en ella. Su aroma la marcaba por fuera, su semilla la marcaba por dentro y su sangre le daba la vida que ella se merecía.

Su vida.

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