Darius no se materializó en sus habitaciones. Así como se encontraba, decidió hacerlo en otro lugar que conocía de la última visita realizada a la familia anfitriona. Lo hizo en una de las cuevas que había en los territorios de la finca Necesitaba estar sólo, sentirse alejado de todo lo que le estaba alterando, dejándolo en un estado en el que nunca había estado. Conocía las cavernas del lugar como la palma de su mano...había tenido que recorrerlas una a una cuando el hijo mayor de la familia había desaparecido. Ahora podían ser el refugio que necesitaba en esas horas del día.
Necesitaba respirar aire fresco y recuperar el aliento. Y el sol en el cielo era un completo problema para ello. El pelo mojado caía sobre su rostro enmarañado y la pequeña brisa acompañada del silencio de las grutas consiguió empezar a calmarle. Necesitaba urgentemente calmarse...no era un macho dado a las perdidas de control. Siempre había afrontado todo lo que la vida le había lanzado a la cara con una gran entereza... pero ahora se sentía fuera de lugar en su propio cuerpo.
Notaba sus sienes palpitando frenéticas, el bum-bum de los latidos perforándole el cerebro, su corazón latiendo acelerado, la adrenalina bombeando por todo su sistema. Se sujetó con un brazo en la pared e intentó recuperar el ritmo habitual de sus latidos y el de su respiración, ahora entrecortada.
Parecía que hubiera corrido cien kilómetros sin parar ..y solo había estado en los labios y sobre el cuerpo de aquella hembra. De repente sintió el latigazo de su miembro al recordar esos labios. Miró hacia abajo y si, su incansable amiguito estaba igual de frenético que el resto de su cuerpo, erguido, duro y anhelante.
Se pasó la mano por el rostro e intentó olvidar la tensión de sus testículos centrando sus pensamientos en razones y lógica.
La elegida...¡Virgen Santa! ¿ que había hecho? La cabeza empezó a darle vueltas y la boca se le quedó seca...pero incluso así, el gusto de la lengua y los labios de ella permanecían allí. Canela picante. Su sabor era incluso mas exquisito que su aroma, inconfundible en aquella hembra. Se pasó la lengua por los labios y el gusto reverberó en sus papilas gustativas.
Su miembro saltó en respuesta otra vez. Y su cerebro volvió a lanzarle el enorme cartel de vivos colores.
Mía.
¿Mía? Aquello era de locos. Su cuerpo estaba respondiendo de forma desmedida al mero pensamiento de aquella hembra. Por mucho que hubiera querido hacerle creer a la inexperta elegida que todo era producto de la fisiología de su raza, sabía en su fuero interno que no era así. Era cierto que hacía días que no se alimentaba ni estaba con una hembra...pero no era la primera vez y jamás su cuerpo había respondido de esa manera, haciéndole perder el control .
Su respuesta había sido exagerada ...y la de su mente y sus instintos una autentica locura. Mía. Esa maldita palabra de nuevo taladrándole la sesera. Acudió como un flash en su mente el momento en el que la había tenido en brazos, todo él vibrando en consonancia con ella.
Respiró profundamente. ¿ No podía ser mas desgraciado? Su vida había sido un acumulo de adversidades a ser superadas. Era inequívoco que su cuerpo había encontrado a su hembra, sus instintos así se lo estaban mostrando gritando bien fuerte en su cabeza. Pero esa hembra no podía ser su hembra...esa hembra era de la Santa Madre, la misma que le había encargado que la protegiera hasta que la reclamara para devolverla al santuario.
Sí, era un autentico desgraciado. ¿ Como se le ocurría a su cuerpo reclamar a esta hembra en particular? Una que estaba consagrada al servicio de la Virgen Escribana, y por ende propiedad y responsabilidad del Primale.
El instinto asesino apareció de repente, sin avisar apenas, como una ola haciendo que todo su cuerpo vibrara. Sus colmillos se extendieron y un gruñido salvaje salió desde el fondo de su garganta.
Esa hembra era suya y ningún otro macho la tocaría, ni siquiera el Gran Padre.
Cuando se dio cuenta del curso de sus pensamientos, cayó de rodillas como si hubiese sido fulminado.
Payne no era su hembra. No era para él. Punto.
Lo que tenía que hacer era para lo que se había comprometido: ser su ghardian, mantenerla viva, segura e intacta hasta que la venerable madre acudiera a buscarla. Nada mas. Sus instintos primarios tendrían que quedar olvidados y esa voz en la cabeza, enterrada. Así debía ser y así sería.
Enderezó la espalda y seguidamente empezó a rezar a la única que podía ayudarle con todo aquello.
Payne tardó un buen rato en sentir que su cuerpo volvía a su estado normal. No tenia muy claro lo que había sucedido en esa habitación, en esa pared en la que estaba ahora apoyada. Sólo sabía que el temblor con el que Darius la había dejado aun estaba paseándose por su cuerpo, y que el sabor de sus labios aun perduraba en los suyos. Las piernas no le habían sostenido y aun no sabía si podrían hacerlo. La había dejado jadeando y temblando como un flan.
¿Esto era lo que un macho podía provocar en una hembra? ¿ Esto era a lo que sus hermanas ehros se referían en las charlas sostenidas en el santuario? Su cuerpo había reaccionado de una forma inusitada y desconocida para ella. Todo estaba nebuloso en su mente...no recordaba ningún pensamiento, solo recordaba sensaciones: el corazón latiendo desbocado, la respiración acelerada, toda la superficie de su piel bullendo con una especie de hormigueo, uno que la había llevado a un punto en el que sus colmillos habían hecho su aparición sin proponérselo. Algo se había liberado profundamente en su interior, su sexo se había hinchado y se había preparado para aceptarle, estaba segura de ello.
Si esto era lo que se sentía cuando un macho y una hembra se apareaban, ahora entendía porque casi todas las costumbres de su raza giraban en torno a todo ello...ahora entendía muchas de las cosas que solo había sido informada de oídas. Ahora entendía porque los machos eran tan posesivos con sus hembras, porque existían los Cohntehsts por ellas. Maldita fuera su madre por haberlos creado así, con los instintos tan arraigados, tan cerca de ser animales. Los humanos en eso habían tenido una gran suerte, su creador les había otorgado el don de la inteligencia , una inteligencia que enterraba sus instintos animales. Los vampiros eran igual o mas inteligentes, pero esa capacidad no enterraba sus instintos animales. ¡Bravo por su mahmen!
Se odió a si misma por haber reaccionado de aquella manera ante el macho que la había humillado en cierta manera , tratado con condescendencia...y puesto en su sitio para ser sincera consigo misma. Darius la desconcertaba plenamente, por un lado lo aborrecía por la forma en que la había tratado...por otro lado no se lo podía quitar de la cabeza. Nunca antes se había interesado por un macho a ese nivel, y ahora él era el que poblaba todos sus pensamientos.
Se miró a si misma y decidió que ese no era el lugar en el que quería estar, en el suelo, desnuda ..con los pensamientos puestos en la persona de Darius. Tenia que obligar a su cerebro a apartarse de lo sucedido momentos antes y relegarlo al olvido. Sí, lo olvidaría...era lo mejor.
Se levantó del suelo y cuando vio que las piernas la sostenían, se dirigió al lecho que había sido preparado para ella. Sospechó que Daríus debía haber dado ordenes de que nadie la molestara ...ningún doggen había ido a su habitación. Y lo agradecía, no quería que nadie la perturbara.
Desnuda como estaba, se dirigió hacia la cama. Sus ojos se deslizaron sobre la comida que había dispuesta sobre la mesa...pero su cuerpo no le pidió alimento alguno. Su cuerpo le pedía dormir, desconectar de la realidad, entrar en la bruma del sueño sin tener que preocuparse por su propia supervivencia, como había tenido que hacer el día anterior en el suelo de aquella cueva. Se encaminó directa a la cama y se metió bajo el cobertor. Apenas sintió la frialdad de la ropa, su cuerpo funcionaba como si un resorte interno la llevara porque su mente...su mente aun no podía procesar todo aquello que había sentido y vivido.
Se acurrucó bajo el cobertor, quedándose con la mirada fija al vacío...dejando que el cansancio la envolviera y el sueño reparador hiciera acto de presencia. La noche siguiente sería distinta, y entonces decidiría que hacer. Ahora no, ahora dormiría. No sabía si volvería a hacerlo en un lugar así cuando por fin escapara. Porque iba a escapar.
La despertaron unos golpes en la puerta. Abrió los ojos de repente y se sentó en el lecho como si un resorte interno se hubiera accionado. Intentó enfocar su vista y vio la habitación. Y la reconoció. Su mente le dio la explicación que necesitaba para calmar el estado de alerta en el que se había despertado.
Un segundo golpe a la puerta la hizo enfocarse en el lugar y en la presencia que había la otro lado. Por inercia y sin saber como tratar a la gente en este lado, hablo en voz alta:
- ¿ Quien anda ahí?
– Soy Mira, a vuestro servicio, Mi señora.
Payne resopló, se acordó de que Darius había atrancado las puertas para que ella no pudiera abrir las cerraduras con la mente y eso hizo recordar el fastidio que sentía hacia su persona.
Bien, esto ya era pensar con normalidad.
Intentó de nuevo con la mente abrirlas, y para su sorpresa el mecanismo de la puerta esta vez se accionó con su pensamiento, sin problemas. Darius debía haber desatrancado las puertas. Tras oír como el cerrojo se abría, una pequeña y joven doggen entró en la habitación. Payne se incorporó cubriéndose con el cobertor .
– Buenas noches mi señora- dijo la doggen en una solicita reverencia e inclinando la cabeza a su vez- Soy Mira y estaré encantada de ayudaros a arreglaros.-
Payne frunció el ceño, la mera idea de que alguien necesitase ayuda para vestirse le parecía absurda. Uno debe hacer lo todo por si mismo...porque si uno no es capaz de hacer lo mas sencillo, como sería capaz de afrontar lo mas difícil.
– Mi señora, en una hora la primera comida estará servida en el comedor principal. Mi Señor me envía para que os ayude a vestiros, acicalaros y serviros en todo lo que dispongáis-
La sirviente no la había mirado en ningún momento a los ojos. Payne suspiró. No le gustaba sentirse tratada de esa manera, no era un jarrón de porcelana, ni un objeto de adoración. Era alguien capaz de romper el cuello de cualquiera que se pusiera por delante.
– Agradezco muchísimo la oferta de tu señor, pero no necesito ayuda alguna para hacerlo-
La hembra se estremeció al oír esas palabras y sus ojos se llenaron de temor y tristeza.
– ¿Os he ofendido en algo mi señora? Decidme en que y remediaré mi falta lo mas rápido posible-
Payne se sintió culpable ante la reacción de la hembra . Olía su desconcierto. Payne se regañó a si misma, no conocía las costumbres de la tierra y parecía claro que había lastimado a la sirviente.
– No , no me has ofendido..¿ Mira?- La doggen asintió con una sonrisa - Mira, soy una elegida..- Mira se inclinó de nuevo ofreciéndole una reverencia. Payne resopló pero bajito, para no alterarla aun mas-... y no necesito ayuda para algo tan fácil como arreglarme- La hembra al principio pareció titubeante, pero luego por fin se decidió a hablar.
– Disculpad mi osadía, mi señora...pero una hembra de vuestro nivel debe ser atendida como os merecéis. No me perdonaría jamas haberes dejado sola, es un honor y un privilegio para mi estar a vuestro servicio...-
Payne entonces vio claro que aquello era una batalla perdida si quería no herir a la hembra que tenía en frente.
Así que decidió que ella se saliera con la suya. La permitió ir a buscarle ropas apropiadas, acicalarla, perfumarla, peinarla...trenzarle de nuevo esa larguísima cabellera suya. Estuvo a punto de echarse hacia atrás cuando la doggen la ayudó a ponerse el corpiño del vestido, eso apretaba horrores...pero no había dolor que pudiera con ella. Inspiró aire y se juró que cuando se fuera de la casa el corpiño y el vestido desaparecerían misteriosamente.
Durante el proceso pudo oír los suspiros de gozo de la doggen a medida que iban avanzando en su acicalamiento. El estómago gruñó un poco en medio del proceso. La hembra solícita, le acercó alguna de las viandas dispuestas del día anterior. Payne se disculpó por no haberse servido del trabajo realizado por el servicio , y se invento una excusa de ayuno y oración. La mejor que se le ocurrió. Comió un poco de fruta en la habitación, pero no quiso tomar nada mas...la primera comida con los Pollok la estaba esperando y no quería parecer desconsiderada ante sus anfitriones. Era lo mínimo que podía hacer para agradecerles su hospitalidad.
Cuando Mira hubo terminado y vio en su rostro que estaba satisfecha con el resultado, le indicó que la guiara y la llevara hasta el comedor principal.
Al salir al pasillo observó la puerta de la habitación de al lado y no pudo dejar de preguntarse si dentro estaría aun Darius.

0 comentarios:
Publicar un comentario