jueves, 19 de abril de 2012
Escena 9. Educación y sensibilidad.
Payne hervía de rabia pura ante la indiferencia de Daríus. Ni siquiera la mera perspectiva de dejarla en evidencia le hacía desistir de su intención de tenerla esposada. Y ella que había creído que se encontraba frente a un caballero de verdad.
Pollok volvió sus pasos hacia ellos y se sentó en el sillón de enfrente. Si les había oído no lo parecía o simplemente se comportaba conforme a su educación.
Daríus se divertía un poco con la situación...sólo un poco. Realmente estaba un poco preocupado por las circunstancias de Payne. Pero no le veía otra alternativa. La veía bien capaz de desmaterializarse nada mas se viera libre de la esposa de acero. Su instinto se lo estaba gritando bien alto en su cerebro. Payne no era una elegida como las demás y no actuaba como ellas tampoco.
Por suerte la familia de Pollok como casi el resto de la sociedad en torno a la Glymera, bien poco sabía acerca de las costumbres reales de las elegidas. Estas no solían estar muy a menudo en la tierra y solo los miembros de la hermandad tenían el privilegio de tratarlas continuamente. Aunque eran bien conocidas por todos y veneradas cuando eran vistas y tratadas por los miembros de la raza, eran un enigma para el resto . Pero una elegida esposada a su muñeca era algo tan estrambótico que no respondería a ninguna excusa que se le ocurriera. Él mismo, incluso con su linaje de prínceps, estaba por debajo del nivel social de la elegida...a los ojos de Pollok, sería una especie de herejía.
A Darius le importaba poco que le consideraran hereje o lo que quisiera la sociedad formada por la Glymera. Como miembro de la hermandad, tenia en un puesto privilegiado en el altar del conocimiento tanto a lo concerniente a la madre de la raza como a muchos otro secretos que solo el rey y sus hermanos conocían. Y no era su misión ni su responsabilidad que todo aquello se hiciera publico. Su misión la tenia atada a su muñeca y era un encargo de la mismísima madre de todos.
Pero tampoco quería dejar a la elegida en evidencia. Era una hembra, extraña e inusual, pero era una hembra. Todos sus instintos clamaban por ejercer su deber y derecho de protegerla. Y por su reacción ante el comentario de su belleza, debajo de aquel duro caparazón había algún tipo de corazón latiendo y sensible al mundo.
El servicio de la casa fue extraordinariamente rápido. Una hembra doggen apareció en la sala, respondiendo a la llamada de la campanilla y enseguida marchó tras oír las instrucciones de su señor.
Darius empezó una conversación que le mantuvo bastante rato hablando con un amable y nada estirado Pollok bajo el escrutinio de ambas hembras. Belinda miraba y escuchaba con ojos curiosos y ávidos de cualquier información que surgiera de ellos. Payne con el rostro impávido y una sonrisa tenue en los labios, iba manteniendo la compostura. Pero debajo de la manta, Daríus podía notar como daba pequeños tirones en su muñeca, presa de algún tipo de tic nervioso.
La conversación entre Darius y Pollok duró el tiempo en que el servicio tardó en preparar lo que Darius había solicitado para la elegida.
Payne sintió como si el cielo se abriese ante ella cuando el doggen llegó con la noticia. Quería salir de aquel salón lo mas rápido posible. La mirada de Belinda la inquietaba. No soportaba sentirse así, observada, casi venerada. Tampoco soportaba estar sujeta a las restricciones morales ni a las sociales. Esto de estar callada escuchando a los machos entablar conversación y mantenerse a un lado sin participar, sólo observando...no iba con ella.
Esas pequeñas cosas eran las que la hacían pensar continuamente que algo salió mal en el útero encarnado de su mahmen. Algo malo había pasado cuando su cuerpo se desarrollaba en el interior de su mahmen que ahora la sometía a tales tormentos. Ella no era como las demás hembras, mas bien se consideraba mas parecida a un macho que a cualquiera de las hembras que había conocido en su vida, que no eran muchas, la verdad. Sus hermanas elegidas, su mahmen y ahora Belinda y las hembras doggen.
No le gustaba lo que estaba viendo en la tierra. ¿ Era eso lo que le esperaba a ella ahí abajo? ¿ Ser sirvienta o vivir relegada a la sombra de un macho?
Se atrevió de nuevo a romper el silencio sin ser nombrada.
– Si me disculpáis Sires, aceptaré de buen grado la hospitalidad que me dais e iré a las habitaciones que me habéis asignado para asearme e iniciar mis oraciones.-
Como le quemaba la garganta al decir esas palabras. Estaba fingiendo ser lo que no era. Darius le hizo un gesto de asentimiento.
– Por supuesto noble dama - contestó Pollok que iba a levantarse para ayudarla. Darius se le adelantó para evitar que el macho viera lo que había debajo de aquella manta. Como si estuvieran coordinados, Payne y Darius se levantaron al mismo tiempo y él, con un rápido movimiento recolocó la manta estratégicamente. No se le escaparon las miradas perplejas de los señores de la casa.
– Disculpadme , pero soy el Ghardian de la elegida hasta su vuelta al santuario y debo preservarla de miradas indiscretas- dijo mirando a Pollok directamente- Su anatomía ahora está precariamente expuesta por la rotura de su túnica en el camino. Seguro que lo entendéis Sire .- Fue la mejor excusa que se le ocurrió en menos de un segundo, una que fuera aceptable por un miembro de la Glymera.
- Por supuesto, por supuesto Sire. Os alegrará saber entonces que he puesto vuestra habitación al lado de la de la elegida. Así podréis realizar vuestra labor de Ghardian con mas comodidad. En las habitaciones mi servicio os ha dejado alimentos para que podáis descansar a la mayor brevedad . Mañana por la noche cuando despertéis, solo tenéis que hacer sonar la campanilla del servicio dispuesta en cada habitación y un doggen acudirá presto. La hora de la primera comida es una hora después de la caída del sol. Un doggen irá a avisaros personalmente media hora antes. –
- Estáis siempre en todo Pollok., mi gratitud es infinita- Contestó Darius inclinando su cabeza en señal de asentimiento. Pollok le sonrió orgulloso, mostrando su dentadura perfecta. Belinda también sonrió complacida.
–Muchas gracias Sires , me retiro entonces- La voz de Payne sonó suave como un canto , pero por dentro estaba ya ansiosa por salir de allí.
Darius sonrió un poco y se inclinó para recogerla por las rodillas y volver a cargarla en brazos. Payne ahogó un grito de protesta porque estaba enfrente de los señores de la casa y se dejó llevar fuera de nuevo en esa postura , viendo de reojo como Pollok y Belinda les observaban . Pollok lucía una extraña sonrisita en la cara que a Payne no le gustó nada
Darius siguió a la doggen escaleras abajo hasta las dos habitaciones que habían dispuesto para ellos. La despidió con una amable sonrisa y un comentario agradable de aquellos que gustaban de ser oídos por los doggens, antes de entrar en la estancia que se había dispuesto para Payne.
Cuando hubo cruzado el umbral de la habitación y haberse asegurado de que nadie les observaba, cerró la puerta de un golpe con la pierna y soltó de golpe su carga. La carga , por supuesto protestó .
– ¡Vaya! Ya no sois ni tan amable ni tan educado- Le increpó ella recuperando sola el equilibrio. Darius soltó un bufido.
– Me adapto a la vuestra , noble elegida - Contestó Darius con cierta ironía.- Dejad ya de fingir, las pedradas que me disteis en aquella loma no tenían nada de educación ni de amabilidad-
Payne se lo quedó mirando frunciendo el ceño pero...interiormente divertida. Debería estar molesta con el guerrero, pero estaba entretenida y ni por asomo molesta. Siendo sincera consigo misma, el guerrero había sido lo mejor de aquellos días. Pero no iba a exteriorizarlo, antes se cortaba la mano atada.
– Bueno, en mi defensa diré que no sabía quien erais ni vuestras intenciones-
Miró alrededor para evitar seguir hablando del tema. La habitación en la que se encontraban era amplia, ricamente decorada en tonos rojizos y ocres. Miró al techo y comparó la lampara de siete coronas de cristal iluminadas con velas con la que había visto en el salón. La del salón era enorme con muchas piezas de cristal que distribuían la luz .La que estaba observando ahora iluminaba también bastante, pero no tenia tanta filigrana de cristal. La iluminación no era un problema para los vampiros, podían ver en la oscuridad mejor que los humanos, pero los miembros de la glymera gustaban de disfrutar de los últimos adelantos y ostentar de las ventajas del siglo revolucionario en el que vivían. En medio de la habitación había un escritorio de madera con una silla en el que se habían dispuesto dos candelabros encendidos y una lampara de armand de cristal tubular. Junto a ellos había una bandeja con viandas y jarras de líquido. La cama con dosel que coronaba la estancia estaba vestida con las mismas telas de raso que figuraban como cortinas en las falsas ventanas. Dos sillas de la época con las mismas filigranas que el armario terminaban de decorar aquella estancia. La puerta del fondo que daba a la habitación adyacente se encontraba abierta dejando ver que la de al lado, era similar a la que se encontraban.
Pero lo que llamó la atención de Payne no fue todo aquello, fue una enorme tina dejada a un lado de la habitación llena de agua caliente por el humo que salía de ella. Dio un paso hacia aquello que la atraía y se encontró con el freno de la esposa en su muñeca. Se giró hacia el guerrero.
- ¿ Me permitís moverme , por favor?-
Darius elevó sus dos cejas y avanzó con ella con una risita. Veía como la elegida estaba maravillada con la tina dejada para su aseo personal. Lo cierto era que tanto su expresión como el brillo en sus ojos la convertían en una hembra encantadora ..si uno no supiese de lo que ella era capaz en un descuido.
La observó mientras se arrodillaba al lado de la tina y metía su mano libre en el agua caliente. Aunque estuviera de espaldas a él y con el brazo tirante pudo oír su risa . Estaba riendo. Eso suavizó su corazón. Ella elevó su rostro hacia él con esa sonrisa que le calentó de repente el pecho.
– ¡ Esta deliciosa Darius!- Entonces Payne fijó su vista en su muñeca aun esposada a la de él y su semblante se ensombreció de repente. Se levanto y le señaló su muñeca.
– Por favor, soltadme Sire. Mirad como estoy: sucia, llena de heridas...dejadme por favor a solas para disfrutar del agua caliente y asearme.-
La cara de la elegida era totalmente distinta a la que él había conocido hasta ese momento. Ya no tenia ese porte regio y esa dureza en la mirada, ahora estaba ¿suplicando? Darius carraspeo, con serias dudas con respecto a que hacer. Pasó su mirada de las esposas a la tina llena de agua, y luego al aspecto deplorable pero delicioso de la elegida...unas tres veces. La elegida empezó a impacientarse y él no tenia ni idea de que hacer. Le tentaba la idea de quitarle las esposas y dejarla para que descansara. Él mismo quería hacer lo mismo, sus brazos aun estaban entumecidos por el trayecto que la había cargado. Quería ese descanso tanto como Payne quería el suyo. Pero no se fiaba de ella. Su instinto le decía que no podía fiarse de ella.
A Payne le debió parecer demasiado el tiempo que él estaba tardando en darle una respuesta porque de repente, bufó y usando toda su fuerza , de un salto, se introdujo dentro de la tina de agua, mojando toda la falda de su túnica. Darius no pudo evitarlo, el movimiento fue demasiado rápido y ella demasiado fuerte.
_ ¿ Que estáis haciendo elegida? Vuestras ropas!- Fue lo único que pudo decir.
Payne giró su rostro hacia él y le dirigió una sonrisa traviesa.
– No os decidíais así que he decidido por vos. Si os preocupa que moje mi túnica... –Payne entonces levantó las faldas de la túnica con sus manos hasta por encima de las rodillas, cubriendo apenas su trasero y sus caderas, ofreciendo una excelente visión de la anatomía de sus piernas . Ella cerró los ojos de repente y pareció sumirse en una especie de trance placentero por la forma en que respiraba y suspiraba mientras movía sus piernas en el agua.
Darius supuso que el agua debía estar calmando las heridas de sus pies. De repente el pantalón empezó a apretarle en la zona de la entrepierna y la elegida empezó a no parecerle tan poco femenina, de hecho estaba empezando a parecerle demasiado femenina. Por culpa de las esposas , su mano estaba rozando la ropa mojada y por poco no tocaba esa piel que había expuesto para él. Por culpa de las esposas se veía obligado a estar pegado a ella y absorber el aroma a canela picante que rezumaba por todo sus poros.
– Soltad vuestras ropas..- consiguió decir en un destello de raciocinio.
– Si las suelto se mojaran mas..- parecía que ella estaba disfrutando de este juego contestando casi cantando. -Decidios Sire, las suelto y mojo mi túnica... o no las suelto y se mantienen secas- los ojos de Payne brillaban retándole.
El doble significado de sus palabras estaba bien claro para Darius. Payne le estaba sorprendiendo, hasta ahora había usado solo tretas masculinas para zafarse de él, ahora esta usando las armas que la naturaleza le había concedido como hembra. La túnica aún mas mojada sobre el cuerpo de la elegida no era una opción, no porque le preocupara la integridad de las ropas sagradas, si no porque eso significaba que el cuerpo de la elegida quedaría ceñido bajo aquella fina tela mojada que marcaría todos sus atributos femeninos. Y esos atributos le estaban pareciendo demasiado atrayentes en esos momentos. La opción de que mantuviera su túnica levantada era la misma, mucha piel expuesta a su visión. El llevaba demasiado tiempo sin alimentarse de una vena ni de disfrutar del sexo con una hembra.
Lo vio claro, tenia que soltarla, que era lo que ella pretendía que hiciera con toda aquella maniobra sorpresivamente estratégica. No tenía mas opción que soltarla. Cogió su barbilla con su mano libre y la obligo a mirarle. Ese simple toque provocó que de sus dedos surgiera un breve hormigueo que disparó el latido de su corazón. Y Payne se estremeció bajo sus dedos.
– Prometedme por la sagrada Virgen Escribana que no intentareis escaparos de mi si os suelto.-
Payne pareció sopesar la respuesta pero enseguida le dio una contestación acompañada de una sonrisa de satisfacción:
- Prometo por la Sagrada Virgen Escribana que no intentaré escaparme de vos, Sire Darius.
– Dadme vuestra palabra como hija del Bloodletter, jurad sobre vuestro linaje-
Payne casi respingó hacia esa petición. Ese tipo de juramento solo se pedía a los machos de la raza, jurar sobre el propio linaje. A las hembras no se les concedía ese privilegio ni ese honor. En el fondo, eso llenó de orgullo a Payne, ser tratada como un igual por un guerrero de la talla de Darius. E hizo que se diera cuenta de lo inteligente que era ese macho, no era solo un enorme cuerpo fuerte y preparado para la guerra, había un cerebro adornando ese magnifico cuerpo y la educación que esgrimía ponía la guinda del pastel.
El problema era que si pronunciaba ese juramento, no podría escaparse. Jurar por su mahmen, era algo sencillo y fácil de romper...había cometido tantos pecados las noches anteriores, que uno mas ya no le importaba. Pero este juramento era sagrado para ella. Respirando profundamente se resignó al final.
– Os doy mi palabra Sire, juro sobre mi linaje que no trataré de escapar.-
Darius sonrió y sacó del bolsillo de su chaqueta larga de cuero una pequeña herramienta mientras esgrimía una gran sonrisa de satisfacción . Con ella cortó la cadena que unía las esposas.
– Podéis disponer de las estancias que os han preparado el servicio de Pollok. Entenderéis que cierre con llave las dos puertas que pueden facilitar vuestra huida. La argolla en vuestra muñeca no permitirá que os desmaterialiceis. Podéis correr pero con las puertas cerradas y atrancadas dudo mucho que lleguéis muy lejos.-
Darius casi se arrepintió de su decisión final cuando vio la transmutación del rostro de Payne. La furia ciega en su cara era la viva definición del odio. En verdad, la hembra ante él era magnifica en su furia y determinación. Le miraba directamente a los ojos, los pies plantados dentro del agua de la tina y frotándose la muñeca liberada con la manos en un puño preparada. Veía ese puño ya levantado y directo hacia su cara.
Para su sorpresa Payne abrió la boca en vez de golpearle.
- ¿ Mi palabra no vale nada para vos? ¡ He jurado sobre mi linaje!- la hembra estaba furiosa. El aire circundante empezó a calentarse y el agua a sus pies empezó a humear de repente también.
– Vuestra palabra sirve tanto como mi instinto. Y ese me dice que ninguna precaución es poca. No sois una hembra normal , no os puedo tratar como una. El encargo que tengo sobre vos tampoco es normal, mi contratista es la mismísima hembra que vela por todos nosotros. Si no entendéis mi celo es que sois mas obtusa incluso que vuestro padre. –
Payne no pudo mas y dio una patada al agua salpicando a Darius mirándole con furia. Darius se pasó la mano por la cara secándose la humedad que había conseguido llegar hasta él.
– Atrancaré vuestras puertas hasta mañana por la noche. Descansad noble elegida, os hará falta.-
Y se dio la vuelta viendo como ella cerraba las manos en puños y se mordía el labio inferior presa de la rabia. Se obligó a no mirarla, a no darse la vuelta...a seguir con paso firme hasta su habitación , oyendo claramente como ella protestaba.
- ¡ ¿ Os dais la vuelta? ! ¿Me dejáis ahora sola? ¡ No huyáis de mi!-
Darius tenía que salir de aquella habitación lo mas rápido posible. Lo que acababa de hacer estaba haciendo que el pecho le doliera .Pudo oír el grito de rabia de la hembra que hizo retumbar la puerta cuando la cerró a su espalda. Y entonces se preguntó si realmente valía la pena todo aquello, si tenía que ser tan celoso en su trabajo y porque aquella hembra le estaba empezando afectar tanto.
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3 comentarios:
me encantoooo!!!! espero el proximo capi
ho0laa--esto esta genial--todo esta fantastico y si...si definitivamente escribes muy bien..
besos y abrazos..(<.>)
como ya dije antes me ah encantado..
Muchas gracias por vuestros animos!! Que bueno que les gustó!
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